Debo comenzar diciendo que me encanta hacer el amor, y espero que como yo, todos aquellos que lean estas líneas sean partidarios del arte de Cupido.
He hablado con tantas personas que cargan el kamasutra como si fuera la Biblia y, ellos evangelizadores de alguna iglesia cristiana, que pretenden que un libro que es muy bueno pero sabiéndolo usar haga que su pareja no solo disfrute, sino que sea capaz de pronunciar un emocional y sincero ¡TE AMO! En el clímax de una buena noche de amor.
Creo que no se trata de hacerse un maestro del arte de los chakras, sino más bien de sentir, de expresar lo que se siente en el momento adecuado para que ella, tu mujer se sienta la diosa dueña no solo de tu corazón sino de tu cuerpo y esencia.
Obvio no hay que ser monótonos, pero hay que saber cuándo ser el dominado y cuando dominar, mostrar el interés por sus cualidades físicas y desgarrar con la mirada toda su ropa para después hacerla sentir tuya en todo el sentido de la palabra, jugar con las caricias; que el primer furor del momento le llegue sin un coito para que después no se quede en el vergonzoso primer número.
En cuanto a detalles mis colegas de esta profesión tan deliciosa, nunca sobrará la imaginación. He leído el Kamasutra y les juro que no habla del frío helado de vainilla, del ligero vino tinto, del dulce de leche, del espeso chocolate ni mucho menos de los rojos pétalos de rosas, que aunque puedan verse como ojivas ya quemadas son y siempre serán cartuchos para encender antorchas.
Para terminar, todo está en la mente; sedúzcanla desde la mañana, que no sepa lo que le espera pero que se imagina algo que no será ni la mitad del amor que sienten por ella para cuando llegue el momento, amar sea poco.

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